Los 10 errores imperdonables que debe evitar un actor.

El actor que desee colocarse en la lista negra, sólo necesita insistir por poco tiempo en una o más de las siguientes errores:

1. Puede faltar a los ensayos sin permiso.

2. Puede ofrecer sutiles o egoístas excusas cuando al ausentarse dice “posiblemente no pueda ensayar el sábado por la noche, tengo que ir a un baile”. Frases como esa han cortado muchas carreras teatrales florecientes. Los individuos que no saben apreciar la lealtad hacia sus camaradas, al faltar a los ensayos, no tienen lugar en el teatro. No interesa la brevedad del papel, el actor debe recordar que los demás dependen de él, y pueden necesitar ensayar aunque él no lo necesite. No debe aceptarse un papel si no se sabe aceptar también sus obligaciones.

3. Puede llegar tarde a los ensayos. Este es un medio seguro para hacer al director aprensivo al temer que también llegue tarde a las funciones, haciéndole vivir agonizante la noche en que no pueda levantar el telón porque no es posible encontrar a alguien del elenco.

4. Puede estar presente en los ensayos, pero distraído, debiendo alguien sacudirlo para recordarle su entrada. Si desea enfurecer al director puede contestar así cuando lo llamen: “¡Ah! ¡Yo entro en esta escena! ¿En qué página está? ¿Alguien tiene un libreto?”. El mío lo dejé en casa. O tomando un libro, abrirlo y comenzar a leer en una página que no corresponde.

5. Puede permitirse reír o charlar en los laterales o en las cercanías. Si desea ser especialmente ofensivo puede reunir dos o tres almas gemelas en un rincón y contar cuentos groseros, la peculiar risa grosera con que tales cuentos se reciben es probablemente el ruido más exasperante con el que pueden castigarse las personas que tratan de crear un trabajo de imaginación.

6. Puede abandonar en los ensayos el personaje o la ubicación, cada vez que se hace una pausa o interrupción al director. El actor que da muestras de su aburrimiento sentándose cada vez que la acción se detiene, no quiere aprender a actuar, ni ayuda a los demás.

7. Puede adoptar una actitud de completo desinterés por los problemas del director. Dígame qué quiere y lo haré. Para mí es lo mismo. Puede aceptar las indicaciones del director aunque parezcan equivocadas. Porque una cosa es cooperar con buena intención, y otra desechar todo interés o responsabilidad y asumir una actitud insolente o indiferente.

8. Puede darse el gusto de brillar como en una fiesta, gozando a través de los ensayos de sus propias morcillas, haciendo mofa de las mujeres, riéndose del director y desplegando un gran virtuosismo de comediante en todo, menos en su papel.

7. Puede probar su apego al trabajo convirtiéndose en co-director, e indicándole al director o a los demás actores la mejor forma de hacer las cosas. Ningún director inteligente niega una buena sugestión, ofrecida con modestia y en el momento oportuno. Pero ni director ni actores pueden dejar de irritarse cuando otro actor interrumpe continuamente, en especial, con sugerencias para hacer más atractivo su propio papel, aún en detrimento de los demás o de la obra.

10. Puede tomar su sombrero y marcharse a casa tan pronto a terminado de ensayar su gran escena, o puede interrumpir al director en su momento más ocupado para decirle “Usted no me necesita más esta noche, ¿verdad? sólo tengo tres líneas en la última escena y cualquiera puede decirlas por mi”.

La principal diferencia consiste en que el director profesional tiene libertad de expresar todo lo que siente con tranquilidad, mientras que el infortunado director independiente se ve obligado a observar una caballerosa restricción.

(Extracto de El arte de la interpretación, de  John Dollman.)